España se remanga para lograr el liderato

Hay días para el pincel y otros para la brocha. En la obra de arte que pretende firmar España en este Mundial no deberían ser incompatibles. El artista debe saber cuál es el día en el que toca remangarse. En la pinacoteca nacional de esta última década, Francia había sido un elemento decorativo, una de las víctimas habituales. Ahora es el campeón de Europa, tiene jugadores extraordinarios en plena madurez y la baja de un genio como Tony Parker, tan acaparador como brillante, ha convertido a un fantástico grupo de atletas con talento en un equipo de baloncesto que juega realmente bien. La selección de Orenga, que será líder del grupo A, trabajó mucho para imponerse con autoridad (88-64). Es peligroso pensar que el rival no pinta nada cuando juega la ÑBA.

Ricky Rubio celebró su partido 100 con un primer cuarto memorable, como cuando era un chiquillo y tenía el don de la ubicuidad. Asistencias, bandejas, robos de balón, rebotes. Lo hizo todo en este cumpleaños. Logró 15 de valoración en 10 minutos. El partido era lo que quería el base de los Wolves, hiperactivo, brillante, imparable. Collet no pudo atajarle, pero sacó a Diot y al menos Francia empezó a anotar con más facilidad. La primera ventaja local (15-8) quedó borrada con siete puntos del base galo, siempre inspirado ante España. Pau no lo tenía tan sencillo con un pívot alto, atlético y muy móvil como Lauvergne, cuya honestidad para dejarse la vida en cada rebote es brutal. Navarro se las apañó para reventar las tablas. Lo hizo en siete décimas de segundo con un triple que coronaba el primer parcial.

España metería otros dos más (Juanqui y Marc) y luego se emborrachó. Algunos tiros sin rebote y la consistencia francesa impedían el despegue de la ÑBA. Los pívots galos se entendían bien. Luego está Batum. El fan de Zidane se aprovechó de la marca de Navarro para dar brillo al trabajo francés, encomiable. España padecía por dos motivos: porque su rival le estaba superando en ocasiones y porque parece que las crisis son manejar ventajas de sólo cinco puntos. Orenga recurrió a Calderón, al que no le pica la camiseta cuando juega de base. España acababa con 10 tantos de renta, un botín sudado en cada centímetro del parqué. Pulgada a pulgada.

Orenga apostó por los guerrilleros en la reanudación. Llull entraba por Navarro y fue la actividad atrás del equipo y la rapidez base madridista la que distanció un poco más a España. El partido cambió de imagen. Llegó a un estado en el que parecía realmente competido, aunque la ventaja de la ÑBA era de 12 y 15 puntos. Así son las sensaciones de engañosas. El imperio de la selección es inabarcable. Si Pau flaquea, está Marc, más duro e intenso, inteligentísimo en el pase, productivo en ataque. Si se sienta uno de los dos, aparece Ibaka. Calderón, tercer base, es tan solvente que podría ser el primero. Rudy, alero top en Europa, se dedica al trabajo más oscuro. Ni siquiera la fragilidad defensiva de Navarro, aprovechada por los escoltas galos, era un problema. Sergio Rodríguez, MVP de la Euroliga, no jugó tras el descanso.

España, motivada por la derrota en semifinales del último Europeo, siguió con el pico y la pala hasta el final. Francia había metido 20 puntos en 14 minutos. El equipo de Orenga entendió que la receta era defender. Después, dos triples de Llull y Navarro dejaron todo resuelto. Los últimos minutos se jugaron para que el partido tuviera cuarenta. Costó más de lo que pareció, pero no fue menos bello. La defensa también luce.

MARCA.com

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