Aplastante ÑBA

España debutó en la Copa del Mundo con una victoria plácida, como era de esperar, ante la endeble Irán, pero tuvo que poner más empeño del previsto tras hacer acto de presencia una vez más su irregularidad en el juego exterior. Tampoco era muy necesario ante un rival tan poco exigente estando Pau Gasol tan motivado como está.

El pívot de los Bulls quiere el Mundial y ha ido a por él desde el primer minuto. Él solito, con ayuda puntual de su amigo Navarro —este sí que no falla casi nunca— se encargó de acabar con la escasa resistencia que opusieron los asiáticos, personificada en el diminuto Kamrani, un base de 1,82 m, y no en el gigantesco Haddadi, de 2,18 m, al que los Gasol —Ibaka y Reyes, con molestias físicas, no jugaron— amarraron en corto.

El pánico que provocan los hermanos entre los rivales cuando coinciden en cancha siempre es palpable, pero más aún entre los que tienen poca entidad física. La alergia a la zona de los iraníes quedó de manifiesto desde el salto inicial.Se limitaron a mover el balón hasta encontrar un tirador en posición. Eso les sirvió uincluso para sorprender de inicio (6-4, min 2).

Pau (2,15 m), defendido al comienzo por Sahakian (2,02 m) empezó a hacer estragos entre el bosque de manos que intentaban rfenarle ccada vez que recibía el balón, Y Navarro se solidarizó con él y empezó a dar algo de luz al apagado perímetro de España, que no carburaba a pleno rendimiento. Ricky Rubio no dio con la tecla en la dirección y la selección fue jugando a tirones hasta que apareció en cancha Sergio Rodríguez
La magia del ‘Chacho’

Sergio Rodríguez, aclamado por el público al grito de “Chacho, Chacho, Chacho…” tendrá algunos defectos, pero tiene una gran virtud que le hace imprescindible: los equipos juegan mejor cuando él los dirige. Sucede en el Madrid y también en la selección. El tinerfeño da un ritmo diferente a las transiciones y hace mejores a sus compañeros con su privilegiada visión de juego.

Puede dar fe de ello Pau Gasol, que con él en cancha se puso las botas a meter canastas de todo tipo, marchándose al descanso con 19 puntos, bien secundado por Navarro.

Irán hizo la goma en la ljanía gracias al pequeño Kamrani, un base supersónico, del corte de Campazzo, el base argentino al que ha fichado el Madrid. Ni Ricky, ni el Chacho, ni Calderón pudieron controlar su tremenda explosividad. Al descanso había anotado ya 14 puntos con rápidos contraataques y certeros triples que descosieron la defensa de los españoles por momentos.

Haddadi se desperezó algo, pero ni su esfuerzo ni la machaconería del pertinaz Kamrani sirvieron para acortar distancias con España (33-48), pese a que los de Orenga, que había hecho debutar para entonces a Abrines, se contagiaron del anárquico juego de su rival y atravesaron por fases de descontrol que deslucieron algo el espectáculo.

La segunda parte, con la victoria sentenciada, casi estuvo de más, porque pudo traer alguna consecuencia peor, Arghavan, leñador de la zona iraní, sacudió todo lo que quiso y más a Marc Gasol, y Ricky dio el susto al recibir un golpe en su rodilla maltrecha que al final quedó en nada.

Quien siguió a lo suyo fue Pau. Sin Ibaka y Reyes, y pese a que Claver entró en la rotación de los pívots, jugó más de la cuenta, como su hermano. Pau fue el mejor, pero en un partido así hubiese sido mejor haber podido dosificarlo. El Mundial es largo y los sobreesfuerzos acaban pagándose.

MARCA.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *